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  • La literatura puertorriqueña de los Estados Unidos: un espejo de muchas caras*
    Manuel Hernández
     

Puerto Rico tiene unos de los índices más altos de inmigración en el mundo. De acuerdo al censo de Estados Unidos de 2000, aproximadamente 48% de personas de origen puertorriqueño viven en el continente de los Estados Unidos de Norteamérica. Solamente la Irlanda del Norte del siglo xix ha sostenido una inmigración más masiva y prolongada. Los puertorriqueños que migraron a los Estados Unidos lo hicieron en mayores números que cualquier otra isla caribeña dado a nuestra relación política con los Estados Unidos que nos otorgó la ciudadanía americana y el derecho a salir y entrar sin tener un pasaporte.

Bajo el gobierno del Estado Libre Asociado de 1952, se promovieron reformas económicas a través de la industrialización, inmigración y control de la población que establecieron las políticas apropiadas que probaron ser factores importantes en las migraciones masivas de los años inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Durante los primeros cuarenta años del siglo xx, la economía de la Isla era principalmente la producción de azúcar. Esta industria dejaba a sus trabajadores sin empleo y sueldo durante el llamado “tiempo muerto”. Los trabajadores quedaban desempleados y cientos de miles puertorriqueños se vieron forzados a migrar a los Estados Unidos. Los líderes políticos creyeron que la depresión económica se debía a la sobrepoblación de la isla. Estos dos factores fueron utilizados para explicar el incremento del desempleo en la isla.

Como resultado, la literatura creada por estos pioneros boricuas es una reacción a las condiciones sociales y económicas a las cuales se enfrentaron los primeros inmigrantes boricuas en los Estados Unidos. La literatura boricua escrita en los Estados Unidos ha sido llamado nuyorican porque la gran mayoría de sus escritores tienen sus raíces en la gran urbe nuyorquina. Al devenir el tiempo la Diáspora Puertorriqueña ha ido más allá de las fronteras de la Gran Manzana. La literatura creada por la Diáspora ha desarrollado su identidad propia. Durante la última década la literatura boricua de los Estados Unidos ha sido publicada con frecuencia en antologías y revistas literarias.

Después del éxito de Down These Mean Streets de Piri Thomas (Knopf, 1967) y Snaps de Víctor Hernández-Cruz (Random House, 1969) comenzaron a sentir sus voces autores jamás vistos hasta entonces. Autores como Pedro Pietri, Sandra Maria Estévez, Nicholosa Mohr, Miguel Algarín, Miguel Piñero y José Ángel Figueroa, entre otros, vinieron a formar parte de ese grupo pionero de escritores pertenecientes a la Diáspora Puertorriqueña. A mediados de los setenta y principios de los ochenta surgen otros autores como Tato Laviera, Aurora Levins-Morales, Rosario Morales, Judith Ortiz-Cofer, Ed Vega y Edwin Torres. Ya en los últimos años se unen Martín Espada, Louis Reyes-Rivera, Abraham Rodriguez y Esmeralda Santiago entre otro grupo de jóvenes escritores que despuntan rápidamente. Todos los escritores antes mencionados han sido publicados por grandes casas publicadoras de los Estados Unidos. Sin embargo, en su país de origen, Puerto Rico, hay un desconocimiento y hasta cierto sentido de rechazo hacia la literatura boricua de los Estados Unidos.

De acuerdo al Censo de 2000, los puertorriqueños son el grupo étnico que vive bajo las condiciones económicas y sociales más desventajosas en los Estados Unidos. Las estadísticas, que incluyen a todos los latinos de los Estados Unidos, son alarmantes.
Devengan los salarias mas bajos, tienen los índices más altos de desempleo y deserción escolar. Las más recientes estadísticas revelan casi un 50% de deserción escolar. La literatura puertorriqueña de los Estados Unidos critica, expone, examina y analiza esas experiencias y las integra a sus líneas, versos y memorias. Muchos críticos han rechazado que en sus líneas existe un filo de confrontación que no está presente en las expresiones literarias en la isla.

A diferencia de los escritores puertorriqueños de la isla, algunos escritores boricuas de los Estados Unidos utilizan dos idiomas y variaciones de los mismos para expresar sus ideas. La poesía de Tato Laviera rompe con los paradigmas y utiliza el inglés, el español y a su denominado “mixturao”. De acuerdo a la Dra. Frances Aparicio, Laviera hace una aportación al bilingüismo en los Estados Unidos.

Sus textos interlingües reflejan el habla de la comunidad a la vez que le
otorgan valor. Proponen nuevos modos de percepción estética, nuevas imagines y experiencias fónicas en la poesía.

Utilizando lenguaje creativo para hacer poesía es la forma que Laviera se aleja de los estereotipos negativos de los puertorriqueños en los Estados Unidos.

Al alejarse de esos estereotipos negativos, algunos escritores boricuas de los Estados Unidos utilizan el tema de la asimilación. Víctor Hernández-Cruz ha logrado integrarse a los mas recónditos círculos literarios norteamericanos al ser seleccionado por la revista Life en los años ochenta como uno de los poetas representativo de los Estados Unidos de Norteamérica. Gracias a la publicación de Cuando Yo Era Puertorriqueña  (1993), de Esmeralda Santiago, se abre una nueva página de esta literatura y surge un nuevo interés en leer a los autores puertorriqueños de los Estados Unidos.

Mientras enseñaba la literatura de la Diáspora puertorriqueña en el Recinto Universitario de Mayagüez de la UPR, una joven estudiante me preguntó por qué yo llamaba  a la literatura puertorriqueña de Estados Unidos, literatura puertorriqueña. En un simposio llevado a cabo en el RUM en 1997, a la escritora Judith Ortiz-Cofer le hicieron la misma pregunta y ella dijo que “el ser puertorriqueña era un estado del alma”. ¿Podríamos descartar la literatura de la Diáspora apartándola de la corriente literaria de la Isla? La literatura en su expresión más simple es representativa de las expresiones vividas llevadas a un plano estético cultural y plasmado en letras. Cuando analizamos las primeras letras de los primeros inmigrantes europeos en los Estados Unidos nos damos cuenta que ese comienzo literario fue desarrollándose por etapas y generaciones en lo que hoy es llamado literatura americana contemporánea. Aunque hubo algunos escritores puertorriqueños a principios del siglo xx que escribían para revistas y periódicos en los Estados Unidos, no fue hasta la publicación de Down These Mean Streets en 1967 que los críticos señalan su nacimiento y despertar literario. No sería justo marginar a unas letras que apenas cumplen una generación.

Esa generación que comenzó con un desplazamiento que hace que se rompan barreras literarias propiamente definidas ya en la isla. En la Feria Internacional del Libro celebrada en Guadalajara, México en diciembre de 1998 y donde Puerto Rico fue el país invitado, se le dio participación a los escritores de la Diáspora puertorriqueña. Estuve moderando un panel donde participaron los críticos literarios Juan Flores y Carmen Dolores Hernández además de la escritora Esmeralda Santiago y la educadora Maribel Ortiz. Durante la sesión de preguntas y respuestas se cuestionó el hecho que utilizáramos dos idiomas para leer nuestros ensayos y hacer presentaciones en el panel. El público se alborotó y tuvimos que aclarar que el ser puertorriqueño era algo más que hablar un idioma. La realidad es que ya cumplimos cien años de relaciones políticas con los Estados Unidos, y la literatura boricua de los Estados Unidos es un resultado directo de esa relación.

La ironía es que la mayoría de la población en Puerto Rico abraza las influencias del Norte en sus máximas expresiones, pero a la literatura creada por los boricuas de los Estados Unidos se le trata con reserva y distancia. Mientras que en las grandes universidades de Estados Unidos, como Harvard, se ofrecen cursos y simposios sobre la literatura de la Diáspora, todavía en la mayoría de las universidades en la Isla se desconoce la existencia de las letras boricuas en los Estados Unidos. Más aún, la mayoría de los escritores boricuas del patio no reconocen su valor estético y literario.

Como maestro en las escuelas publicas y profesor en los recintos principales de la UPR en Puerto Rico, he notado la dejadez y falta de interés de parte de nuestros estudiantes hacia la literatura americana e inglesa. La queja principal es que son letras que se apartan de la realidad puertorriqueña. Como estudiante de literatura reconozco los meritos de estas literaturas, pero al enseñar inglés como segundo idioma en Puerto Rico no podemos hacerlo con los clásicos de Shakespeare y Hemingway. Como educadores tenemos que ofrecerles opciones a nuestros estudiantes si es que deseamos que nuestros estudiantes se motiven a aprender inglés. La literatura de la Diáspora es una alternativa real. Ya es tiempo de que exploremos ese espejo de muchas caras.

___________

*Tomado de www.puertoricans.com. [Publicación en línea] Disponible en:
http://www.puertoricans.com/city/MANNY/index13.asp
 [con acceso el 19-07-05]. Se reproduce por autorización y cortesía del  autor.

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